Inmediatamente después de que se le fuera otorgado el premio Nobel de la Paz a Liu Xiaobo, este mes, por la lucha democrática en China de dos décadas, el gobierno chino respondió llamándolo criminal y acusando al Comité del Nobel de blasfemia.
Mandaron agentes de seguridad al departamento de su esposa, Liu Xia, le quitaron su teléfono celular y la pusieron bajo arresto domiciliario.
Hemos visto esto antes: en los días oscuros del Apartheid, bajo la gran sombra de la Cortina de Hierro. Cuando tomábamos un pequeño paso para asegurar la libertad de nuestra gente, nos quitaban todo.
Mientras escribimos, Liu sigue enclaustrado en una remota cárcel en el noreste de China. Esta cuarta sentencia de 11 años vino después de que co-escribió Charter 08, un desplegado pidiendo al gobierno chino que instituyera reformas democráticas y que garantizara la libertad de reunión, religión y expresión.
Aunque Charter 08 se basó en Charter ‘77 de Checoslovaquia, los valores fundamentales que invoca no son más occidentales que chinos.
Nominamos a Liu al Premio Nobel de la Paz por la universalidad de su llamado hacia las libertades fundamentales de su gente.
El núcleo de Charter 08 es una petición al gobierno para honrar los derechos consagrados en la Constitución de China.
El gobierno ya ha firmado el Convenio Internacional de Derechos Civiles y Políticos y ha ratificado el Convenio Internacional de Derechos Sociales y Económicos.
En una reciente entrevista en CNN, el primer ministro Wen Jiabao reconoció que “la libertad de expresión es indispensable…los deseos y necesidades de la gente de democracia y libertad son irresistibles”.
Este no tiene que ser un momento de pena o insulto para China. Debe ser un momento de orgullo, celebrando el hecho que un ciudadano chino fue reconocido como el mayor contribuyente del mundo a eso que todas las naciones buscan: la paz.
Es una afirmación, en uno de los idiomas vivos más antiguos del mundo, que las palabras de Liu en Charter 08, palabras chinas, puedan inspirar tanta admiración. Es un testamento a la fuerza y coraje de la gente china que las acciones de Liu hayan ganado tanto respeto.
A pesar de su reacción inicial, esto continúa siendo una oportunidad para el gobierno chino de cambiar de página después de un siglo de victimización.
Sabemos que muchos males han sido perpetrados en contra de China y su gente a través de la historia. Pero el otorgar el Premio Nobel de la Paz a Liu no es uno de ellos. Tampoco es el llamado pacífico pidiendo reformas de los más de 10 mil ciudadanos chinos que se atrevieron a firmar Charter 08.
Hoy, más que en cualquier otro momento de la historia, el mundo ve a China como un líder.
China tiene la oportunidad de demostrar que es una nación que mira hacia adelante como lo ha sido por más de mil años.
Si mantiene a Liu detenido, el gobierno chino no es más progresivo que la siempre paranoica y cerrada Junta de Birmania, el único otro régimen con el descaro de recluir a otro ganador del Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi.
Si liberan a Liu, China continuará con su impresionante aparición en el escenario global. Beijing ayudó a mantener a salvo la economía durante la crisis reciente; ahora puede demostrar al mundo que tiene la confianza para aceptar la crítica y adoptar el cambio.
China ha tomado pasos valientes anteriormente. Hace 30 años, cuando seguíamos siendo castigados por expresarnos libremente, el gobierno chino abrió su economía y desató la laboriosidad e ingeniosidad de la gente china en los mercados globales.
El mundo ha observado con asombro mientras China salía de la pobreza hacia un futuro próspero y dinámico. Este es el momento para que China se vuelva a abrir para dar a su gente la habilidad de competir en un mercado de ideas donde seguro serán igual de extraordinarios.
Hemos visto esta historia en las iglesias de Soweto y en los teatro de Praga. Sabemos como termina. Tenemos la oportunidad de escribir esto libres de miedo y llenos de esperanza porque nuestra gente ganó su libertad. Con el tiempo Liu y la gente de China ganará su libertad.
Después de su sentencia el año pasado, Liu dijo: “Desde hace mucho tiempo he estado consciente que cuando un intelectual independiente reta a un estado autocrático, el primer paso hacia la libertad es generalmente un paso hacia la prisión. Ahora yo tomo ese paso y la verdadera libertad está un paso más cerca”.
El gobierno chino puede continuar luchando una pelea que va perdiendo en contra de las fuerzas de la democracia y la libertad que su propio primer ministro llamó “irresistibles”. O puede unirse al lado de la justicia, liberar a Liu Xiaobo e inmediatamente cesar el arresto domiciliario impuesto a su esposa.
Especial para The Washington Post
Václav Havel es ex presidente de la República Checa. Desmond Tutu es arzobispo emérito de Ciudad del Cabo.
Ambos son presidentes honorarios de Freedom Now, que representa a Liu Xiaobo como consejero legal internacional.
Traducción: Analucía Cuéllar



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