La teoría del caos es una de esas ideas científicas que, al igual que las modas, parecen brillar intensamente por algunos meses para luego desaparecer en la noche.
Cuando apareció la película “Parque Jurásico”, esta idea estaba caliente (por eso es mencionada por Malcolm, el matemático). En la actualidad, casi nadie la menciona en voz alta, cuando menos no en los medios.
La esencia de esta idea está vigente y permite explicar, cada vez con más detalle, el comportamiento de muchos fenómenos complejos. El problema con la teoría del caos es que muchas presentaciones, tarde o temprano, regresan a los ejemplos de siempre.
Hace unos meses concluyó el campeonato mundial de futbol. Debo confesarle que, al igual que el célebre paleoantropólogo Richard Leakey, considero al deporte organizado (cuando menos al de grandes multitudes) como una actividad fundamentalmente antisocial.
Los peores disturbios que se producen en países “civilizados”, como Canadá o Inglaterra, muchas veces tienen que ver con el mal resultado de algún equipo popular de hockey o de futbol (por alguna razón, eso no ocurre con el futbol americano... probablemente porque los espectadores masculinos gastan casi toda su energía en mirar a las porristas).
No me tome a mal. De acuerdo con varios estudios formales, la práctica del futbol parece tener un efecto muy positivo, sobre todo en los jóvenes (cuando se hace de manera disciplinada, los enseña a trabajar en equipo), pero el sentarse a ver a un montón de tipos vestidos como escuincles corretear un balón, darse de patadas y hacerse los malheridos me parece tan aburrido como ver cómo se seca la pintura.
La teoría del caos dice que, en ciertos sistemas, un pequeño cambio en sus condiciones puede producir una diferencia enorme en su comportamiento.
Regresemos al futbol. Recuerde el juego de la selección mexicana contra la argentina. Entra el primer gol de Argentina, en claro fuera de lugar. El árbitro consulta con el abanderado.
En una fracción de segundo, el árbitro decide dar por bueno el gol. La selección mexicana se desconcentra (como le sucedió a todos los equipos que recibieron un gol en las etapas críticas del torneo) y entran otros dos.
Esto ya lo sabe. Ahora imagine que el árbitro decide anular el gol. Casi seguramente el segundo gol argentino no entraría (la defensa mexicana estaría tranquila y concentrada). El juego termina en empate y México – probablemente – gana en los tiempos extra.
Ahora agregue que hubo cuando menos dos jugadas con claras faltas argentinas dentro de su propia área. De haberse marcado los tiros penales correspondientes, México habría avanzado a cuartos de final (no quiero hacer menos a la selección argentina... es una de las mejores del mundo, pero tienen la extraña -y para jugadores de tal magnitud totalmente innecesaria- costumbre de ganar partidos clave con trampas, como la famosa mano de Maradona).



Comentarios(2)
Pues en lo fascinante que he sabido que es la teoría del caos para describir, explicar y predecir fenómenos aparentemente erráticos; no, esta vez no le hallé sentido alguno a eso de que MÉXIO PUDO HABER GANADO EL MUNDIAL. Supongo que para la fanaticada esclava del show-deporte le parecerá reconfortante. Enrique, tu conclusión esta vez me suena tan infundada como decir que un campeonato mundial de futbol es como un juego de billar; es decir como si dependiera sólo de factores matemáticos (¿Hay ya la factorización de la corrupción, la manipulación social, mediática, intereses económicos del tamaño de la economía de países enteros, diseño caprichoso de balones; ideosincrasias de una cultura a otra; manejos políticos de los encuentros, etc, etc, ?). Porque si es así nos deribes de una vez quién será el próximo presidente de la República y cómo mal manejará al país. Estoy seguro de que si hubiera capacidad de determinar aquello obviamente la habría para esto. Dudo mucho la haya. Mi admiración y aprecio para ti estimadisimo E. G. siguenos dando tanto. Gracias.
Realmente esta colaboración de Enrique Ganem me ha gustado mucho. Felicidades.
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