Reporte #256 - Ausencias que pesan, presencias que matan

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Ausencias que pesan, presencias que matan

Arturo Montiel con Peña Nieto. Manlio Fabio Beltrones lejos de Peña Nieto. Los Chuchos con López Obrador. Alejandro Gurza y Armando Guadiana con López Obrador. Alejandro Poiré en la foto con los precandidatos panistas. ¿Alguien me puede explicar?

Por Ramón Alberto Garza 02/12/2011 - 0 comentarios Categoría: Actualidad

 

La unción de Enrique Peña Nieto como candidato a la Presidencia distó mucho de ser tersa, de estar enmarcada en la unidad, de mostrar un nuevo PRI.

Al margen de la dialéctica de los discursos, la ausencia de Manlio Fabio Beltrones evidenció una fractura en la presumida unidad del tricolor.

Y el nuevo PRI mostró lo peor de su viejo estilo cuando un rostro del pasado, el de Arturo Montiel, que personifica la corrupción y la impunidad que hundió al partido hasta el tercer sitio en 2006, se asomó entre los invitados de primera fila.

Podría decirse, sin temor a exagerar, que la ausencia de Manlio Fabio Beltrones se magnificó con la presencia de Arturo Montiel.

La presencia en sí misma del ex gobernador mexiquense, al que se le exhibieron lujosas propiedades en México y el extranjero, fue un duro golpe para el festejo inaugural de la tan esperada candidatura del llamado Grupo Atlacomulco.

Porque si Arturo Montiel fue invitado por su ahijado político Enrique Peña Nieto, esto sólo mostró la debilidad y el nivel de compromiso que tiene con su pasado político quien promete un mejor futuro para México.

Y si no fue invitado, también queda en evidencia la debilidad de los estrategas del ahora candidato del PRI, que son incapaces de neutralizar aun el cáncer político más violento que puede hacer metástasis e invadir las raíces de la campaña presidencial tricolor. La sombra de Arturo Montiel en “el bautizo” lo perseguirá durante toda su campaña.

Nadie en sus cinco sentidos puede ignorar que la presencia de quien está convertido en un homenaje viviente a la impunidad contamina con su imagen la de un cachorro que busca abrirse paso en medio de la incredulidad.

Suficientes discapacidades políticas tiene que remontar Enrique Peña Nieto, sobre todo cuando esté alejado del cuidado que se le prodiga en la pantalla de televisión, como para cargar otros lastres.

Y al que lo dude, que tome el discurso que el mexiquense pronunció el domingo pasado en la sede nacional del PRI. Y que lo coteje con aquella histórica pieza de oratoria que en igual ocasión desplegó Luis Donaldo Colosio en el Monumento a la Revolución. En fondo y forma.

Pero si esa presencia pesó, la ausencia de Manlio Fabio Beltrones se convirtió en otra profunda herida el día del ungimiento.

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