Por Jeffrey Goldberg
Uno de los argumentos más frecuentes para justificar que se ordene un bombardeo contra Irán para paralizar su programa nuclear es el siguiente: los mulás de Teherán son locos que creen que su deber consagrado es destruir la pérfida entidad sionista (es decir, Israel), así como construir armas nucleares apuntando a Tel Aviv y listas para lanzar sus misiles en el primer momento favorable.
No hay duda de que el régimen iraní quiere destruir Israel. Sin embargo, los mulás, personas versadas en el Corán y la jurisprudencia islámica, también son cínicos que están decididos, sobre todas las cosas, a mantener su control del poder absoluto.
Por eso resulta poco probable que usen de inmediato sus nuevas armas contra el territorio israelí. Un ataque directo a Israel –país que posee por lo menos 200 armas nucleares y sofisticados sistemas de lanzamiento de misiles– llevaría a la destrucción de Teherán, a la muerte de millones de personas y la destrucción de las instalaciones militares e industriales de Irán.
Los mulás lo saben, pero aquí está el problema: podría no importar que lo sepan. La amenaza de un ataque nuclear deliberado palidece en comparación con la probabilidad de que un Irán con armas nucleares desencadene de manera accidental un intercambio cataclísmico con Israel.
Los expertos que estudian este deprimente tema parecen coincidir en que un Medio Oriente en el que Irán tiene cuatro o cinco armas nucleares sería peligrosamente inestable y propenso a que la tensión escale aceleradamente.
Éste es uno de los escenarios posibles para el futuro no muy lejano: Hezbolá, aliado libanés de Irán, lanza un ataque transfronterizo hacia Israel, o mata a un número considerable de civiles israelíes con los cohetes convencionales. Israel responde invadiendo el sur del Líbano y promete, como ya lo ha hecho en el pasado, destruir a Hezbolá. Irán, que viene a la defensa de su representante, advierte a Israel que cese las hostilidades y deja abierta la pregunta de qué hará si Israel se niega a atender su demanda.
Dennis Ross, quien hasta hace poco se desempeñó en el Consejo de Seguridad Nacional como el hombre del presidente Barack Obama en Irán, señala la importancia política de Hezbolá en Teherán.
"El único lugar al que el gobierno iraní ha exportado con éxito la revolución es a Líbano, con Hezbolá”, me dijo Ross. "Si los israelíes van a destruir a Hezbolá, lo que sigue es Irán amenazando a Israel, lo que provocaría un cambio en la disposición de sus fuerzas. Esto podría generar una cadena de acontecimientos similar al videojuego de guerra 'Cañones de Agosto', pero con esteroides".
Imaginemos que Israel detecta una movilización de misiles de Irán o el repentino desplazamiento de lanzadores móviles de misiles. ¿Israel asumirá que los iraníes están alardeando, o que no? ¿Tendrá Israel tiempo suficiente para dilucidarlo? O imaginemos lo contrario: ¿Puede Irán, que no tendrá capacidad de lanzar un segundo ataque durante muchos años –es decir, no contará con reservas de armas nucleares para responder en un intercambio–, sentirse obligado a atacar Israel, sabiendo que no tiene una segunda oportunidad?
Bruce Blair, cofundador del Grupo Zero de desarme nuclear a nivel mundial y experto en estrategia nuclear, me dijo que en una crisis repentina, Irán e Israel podrían abandonar las salvaguardias tradicionales en tiempos de paz, lo que haría más probable un intercambio accidental de agresiones.
"Una confrontación que lleve a los dos estados poseedores de armas nucleares a un punto de ebullición, podría fomentar el lanzamiento –la preparación de sus fuerzas–, lo que significa que estarían listos para disparar casi sin previo aviso", señala. "Con los misiles puestos en alerta máxima, obviamente aumenta el peligro de que sean lanzados ante una falsa alarma de ataque, es decir, ante indicaciones falsas de que la otra parte ha iniciado una agresión”.
Luego viene el problema de los datos mal interpretados, explica Blair. "Fallas de inteligencia en medio de una crisis nuclear podrían fácilmente conducir a una falsa impresión de que el otro ha decidido atacar, e inducir a la otra parte a lanzar un ataque preventivo".
Blair dice que en una crisis no es irracional esperar un ataque, y esta expectativa hace que sea más probable que un líder espere lo peor en un reporte de inteligencia incompleto. "Esta predisposición es un sesgo cognitivo que aumenta el peligro de que un lado dispare el arma sobre la base de información incorrecta".
Ross me dijo que la proximidad relativa de Irán a Israel y la ausencia total de vínculos entre los dos países –la idea de que Irán acuerde mantener una línea telefónica directa con un país cuya existencia no reconoce es exagerada– hacen que la situación sea aún más peligrosa.
"Ésta no es la Guerra Fría", dice. "En esta situación, no tenemos ningún canal de comunicación. Irán e Israel tienen cero comunicación. E incluso en la Guerra Fría casi tuvimos una guerra nuclear. Estábamos mucho más cerca de lo que pensábamos".
La respuesta a este predicamento es negar a Irán el acceso a las armas nucleares, pero no a través de un ataque contra sus instalaciones nucleares, al menos no por ahora. "Las deudas de un ataque preventivo contra el programa nuclear iraní superan con mucho los beneficios", dice Blair. "Pero, sin duda, el programa de Irán debe ser cancelado antes de que llegue a buen término su capacidad de distribución de armas nucleares”.
Ross sostiene que el enfoque del gobierno de Obama –la imposición de sanciones cada vez más severas– aún puede funcionar. Hay una posibilidad, aunque remota, de que el presidente de Estados Unidos tenga razón: las nuevas sanciones están empezando a tener impacto y, combinadas con una intensa guerra cibernética y esfuerzos de sabotaje, podrían resultar lo suficientemente costosas como para disuadir a Teherán.
Pero los opositores a la acción militar cometen un error al argumentar que un Irán nuclear es un problema controlable. No lo es.
(c) 2012, Bloomberg News
Reporte #263 - ¿Una crisis nuclear por accidente?
¿Una crisis nuclear por accidente?
Mientras sigue escalando la tensión política entre Estados Unidos e Irán, se incrementan las probabilidades de que en Teherán se desate un Armagedón accidental dirigido a Israel, su enemigo cercano.
Por Washington Post
26/01/2012 -
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Categoría: Internacional



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